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Avivando la llama


Los médicos en general y los pediatras en particular, tenemos el don de la inoportunidad cuando de intervenir en las políticas sanitarias se trata. Siempre decimos las cosas a destiempo.

Ya hace tiempo algunos poníamos el grito en el cielo al contemplar como se despilfarraba el dinero público mientras comenzaba la huelga más inadvertida de la historia de nuestro país. Denunciábamos que repartir dinero a ricos y pobres, determinadas formas de fomentar la natalidad, eran formas muy eficaces para agrandar el agujero del presupuesto sanitario, disminuir la efectividad del sistema y acabar con los principios de equidad, gratuidad y accesibilidad. La mayoría de los pediatras por aquellos entonces se dedicaban a diseñar «concept cars».

Pero mira tu por donde, todo apunta a que lo impensable, lo prohibido, lo inimaginable, es hoy dia meditado (el copago), permitido (congelar pensiones) y palpable (bajarnos el sueldo).

Decía Einstein que la crisis era una oportunidad, sin embargo yo observo como la mayoría de los médicos dejan pasar la oportunidad.

Por fin se comienza a hablar del uso responsable de la sanidad, del agujero sanitario, del copago y nosotros calladitos que estamos más guapos.

Hoy día dedicarse a la adivinación no resulta muy difícil (o será que yo tengo grandes dotes de adivinación) y todas las «correcciones» a las que los malintencionados denominan bandazos, son absolutamente previsibles (por lo tanto no son bandazos). Resulta obvio por tanto que vamos a ver de aquí a muy poco tiempo alguna forma de copago, si no hacemos nada por evitarlo.

¿Pensábais que yo estaba a favor de copago? Entonces dejar de intentar adivinar y dedicaros simplemente a leer lo de más abajo.

Yo soy contrario al copago, como fuí contrario a que se dieran 400 Euros a ricos y pobres, 2500 euros a recién nacidos ricos y pobres, la farmacia de los VINEs sea gratis en andalucía o que los menores de un año en Andalucía no paguen medicinas (no quiero meterme en corral ajeno con asuntos de vacunas de dudosísimo coste-oportunidad).

Lo que yo quiero es separar el grano de la paja, o más bien ayudar a separarlo, si es que llega el momento de tenerlo que separar.

De momento, y antes de llegar al copago (igual que antes de bajarle el sueldo a los funcionarios), hay algunas cosas que se debieran hacer y que nosotros a viva voz deberíamos solicitar que se hiciesen:

1.- Campañas de uso racional de los servicios sanitarios, mostrando «abusuarios» malgastando los recursos de todos (si alguien necesita ideas para guiones yo tengo unas cuantas).

2.- Desarrollar el texto de la Ley general de sanidad que especifica ciertos «deberes de los usuarios» que muchos usuarios incumplen sistemáticamente, lléndose de rositas, en lugar de recibir un cargo o sufrir un recorte en la nómina.

3.- Desarrollar modelos de control y limitación de la asistencia que permitan mantener la gratuidad:

La necesidad de visitas que una persona puede necesitar con un médico siguiendo las recomendaciones del sentido común, de guías de práctica clínica, del cálculo de aseguradoras (que tienen bastante adelantado este trabajo), puede ser calculada. De la misma manera que, al menos en Andalucía, los niños entre 6 y 14 años reciben antes de que comience el año un talón de asistencia dental (ilimitado y gratuito), podrían enviarse (o cargarse virtualmente en las tarjetas sanitarias igual que los puntos del carnet de conducir) unos talonarios de cheques (su número para cada persona variaría en función de su edad, su sexo y sus condiciones de salud previas) gratuitos que tendrían que durar para todo el año (so pena de pagar el segundo talonario, o incluso un tercer talonario que sería más caro que el segundo). Por supuesto, una visita con cita no quitaría los mismos puntos que una visita urgente. Por supuesto, los puntos podrían recargarse como los puntos del carnet de conducir en determinadas condiciones: diagnóstico sobrevenido de una enfermedad grave, idoneidad de la demanda de atención urgente…

4.- Llegado el caso del colapso y la inevitabilidd del copago, debemos luchar por conseguir que sea un copago racional y proporcional, entendiendo aquí la proporcionalidad no como que pague más el que más tiene, sino que pague más el que más gasto innecesario genere (igualito que ocurre con otro bien común y gratuito: el agua, de la que pagamos únicamente lo que se supone cuesta llevarla a nuestros hogares, con distintos precios porque el coste puede ser variado, pero con precios que se incrementan a medida que se consume más).

Pero, ¿quién organizaría esto? ¿Acaso esto se puede improvisar de la noche a la mañana cuando nos llame Obama?

Los médicos debemos avivar la llama que se ha encendido: la llama del copago, pero debemos actuar como diestros bomberos, controlando el incendio, guiándolo para que haga el menor daño posible, incluso, para que sea beneficioso y acabe con las «malas hierbas» del sistema, ayudando a regenerarlo. ¿Estaríamos dispuestos a trabajar en comisiones que calculasen cuantos cheques debe recibir un recién nacido normal durante su primer año de vida, o un niño diabético de 6 años de edad? Yo supongo que no, porque veo a mis compañeros más como pediatras que como bomberos de la sanidad. Los pobres no se dan cuenta que todo los que tan «bienintencionadamente» hacen por los niños (¡maldita falacia de control!) no hace más que llevarnos a la ruina del sistema sanitario, que final, e inevitablemente, acabará por afectar (ya lo hace en el ámbito rural) la salud de aquellos por los que deberíamos velar.

Todos podemos ayudar a controlar el incendio, aunque no acabo de visualizaros más que huyendo despavoridos de las llamas.


pediatria y salud

javier
javier
Amante de la blogosfera, Colaborador en blogs, lector de blogs desde hace años. Enganchado a la lectura. Amante de la web y el mundo 2.0. Hiperactivo y curioso desde que nací. Cuando empiezo algo, no puedo parar hasta acabarlo.

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